Viéndome como una tierra estéril gritaba yo al Señor y le
decía:
Me agarro a las alas de mi Salvador. Veo
toda la tierra; me llama bienaventurada. iOh qué dulce es perteneceros! ¡Oh mi
Salvador! Tu nombre es grande; llena los cielos. Todo le alaba y llena de gozo
en su presencia.
Mis alas volanderas es mi Salvador quien me las ha
dado Su mirada se ha compadecido de mi alma. El me dio las alas con que volar.
El abismo donde yo estaba hundido... de allí me ha sacado el Señor. Desde aquel
día mi morada es su seno para siempre. ¡Dichoso el día que jamás termina!
El Señor me ha recibido en su patria. ¿Qué decís
vosotros, habitantes de la tierra?
El me dio alas para volar; él me da mil flores para sembrar
en la ruta que veo; me ha puesto entre las manos una canasta de flores.
Todos los amigos pueden recibirlas. A lo largo del camino he sembrado. Los
amigos y enemigos se apresuran para llevarse algunas.
El me dio alas para volar, y la canasta de flores sobre las
rodillas. El cielo y la tierra, todo sonreía con su inmaculada sonrisa....
(éxtasis).
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